EL EJERCICIO FÍSICO Y LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER

22 09 2015

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Al hilo de entradas anteriores, ya hemos hablado de investigaciones centradas en los beneficios de las terapias de tipo no farmacológico para paliar y ralentizar el declive cognitivo y físico, así como mantener o mejorar la calidad de vida del paciente con enfermedad de Alzheimer (EA). Son múltiples los estudios que han mostrado los efectos beneficiosos que la práctica regular de ejercicio físico provoca en las personas mayores, entre los que se podrían citar, la mejora de la salud en general, mejora de la función cognitiva o la disminución de niveles de depresión. Aún así y a pesar del aumento de la evidencia, en estos momentos continúan existiendo lagunas en cuanto a los efectos propiciados por el ejercicio físico en mayores con desordenes cognitivos y aspectos concretos relativos a su prescripción.

Por lo anteriormente expuesto, nos parece interesante comentar brevemente una revisión publicada en la Revista Andaluza de Medicina del Deporte con título “Efectos del ejercicio físico y pautas básicas para su prescripción en la enfermedad de Alzheimer” donde desarrollan alguno de los principales motivos por los que la práctica de ejercicio físico puede contribuir a ralentizar el proceso degenerativo de la EA. Además, por el interés que tiene para nosotros en nuestro desempeño profesional como fisioterapeutas en un centro municipal para la atención de enfermos de Alzheimer, aprovechamos para adjuntaros un enlace a la comunicación titulada “Programa de entrenamiento multicomponente: indicación e impedimentos en población con demencia” ,que hemos presentado en el 57º Congreso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), celebrado los días 3,4, y 5 de junio en San Sebastián-Donostia.

En el artículo sobre los efectos del ejercicio físico en la EA de C.M.C. Nascimento et al, se puede leer que el ejercicio físico puede influir de forma beneficiosa, retrasando el comienzo y ralentizando la progresión de la enfermedad. Estos beneficios se deberían a cambios metabólicos y neuropatológicos inducidos por la práctica regular de ejercicio físico, a los que también habría que añadir los efectos saludables que la práctica de ejercicio físico produce en las personas mayores sanas.

Atendiendo al propio proceso degenerativo característico de la EA, el artículo cita estudios que encontraron que la práctica de ejercicio crónico puede disminuir el acúmulo de las proteínas β-amiloide y proteína Tau, que se relacionan con la formación de placas amiloideas y ovillos neurofibrilares en el medio extracelular, pero es que además a estos hallazgos histopatológicos, se añaden los resultados de otros trabajos, que afirman que el ejercicio físico influye de forma positiva sobre variables neuropsicológicas y de rendimiento cognitivo.

Por otro lado, la práctica regular de ejercicio físico, se podría considerar como tratamiento coadyuvante o preventivo en las enfermedades neurodegenerativas por su capacidad de estimular el rendimiento cognitivo al mejorar la perfusión cerebral. Del mismo modo el ejercicio favorece la regulación de la homeostasis de la glucosa, contribuyendo a mejorar sus niveles en sangre. Este punto sería de gran importancia, puesto que la EA se relaciona con alteraciones metabólicas que conducen a una reducción progresiva de la capacidad del cerebro para utilizar la glucosa, que a su vez conlleva un mayor estrés oxidativo y por tanto agravación del proceso degenerativo neuronal. Así mismo por su influencia en el metabolismo de los hidratos de carbono, la práctica regular de ejercicio contribuiría a mantener la concentración del neurotransmisor acetilcolina, involucrado en la regulación de actividades cognitivas y comportamentales.

Además entre los cambios inducidos por la práctica de ejercicio físico en la EA, se menciona su influencia sobre marcadores neurotróficos e inflamatorios. En este sentido la asociación entre la práctica de actividad física y la mejora en las funciones cognitivas se relacionaría con el aumento en la síntesis del factor neurotrófico derivado del cerebro (FNDC), que parece ser consecuencia directa de la práctica de ejercicio físico.

Por último, y volviendo a la influencia que tendría el ejercicio físico sobre los procesos histopatológicos de la EA, la formación de las características placas y ovillos, se relaciona con procesos inflamatorios, y de manera general se acepta que la realización de ejercicio estimularía la producción de factores antiinflamatorios, mediando la reducción de concentraciones de factores proinflamatorios, entre los que los autores de la revisión mencionan a la citocina denominada factor de necrosis tumoral alfa,  citando estudios que han confirmado la reducción de concentración de citocinas proinflamatorias tras la realización de ejercicio en poblaciones sanas y en personas con deterioro cognitivo.

En resumen, la evidencia apoya el empleo de ejercicio físico regular como parte importante del tratamiento para personas con EA, recomendando intervenciones de tipo aeróbico, con contenidos multicomponentes, realizadas a intensidad media.


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